La casa es amplia y está al final de un callejón sin salida. En ella viven cinco personas, dos padres sustitutos y tres niños a su cuidado. Sus hijos biológicos ya no están con ellos, han crecido, se han hecho profesionales y se han marchado.

Omitiré los nombres de todos los protagonistas de esta historia por un acuerdo con el defensor de familia, quien me ha manifestado su decisión de proteger la identidad de los niños bajo custodia, yo por supuesto acaté.

La madre sustituta es menuda, tiene un cabello liso y con tonos rojizos, cuando sonríe, porque siempre lo hace, emerge de ella un rosario de perlas maravillosas y su atmósfera es una mezcla de ternura y alegría.

El marido, el padre sustituto de este hogar, es un hombre optimista que a punta de trabajar duro y de noche se ha hecho a un cargo de dirección en una empresa de seguridad, es el vigilante de los vigilantes.

Los dos han levantado una familia con esfuerzo, no contentos con ello decidieron aplicar a convertir al suyo en un hogar sustituto en el ICBF.

Llegué a su casa en el barrio San Fernando de Bogotá por sorpresa, en medio de un plan que establecí cuando una situación aislada le reiteró al país que sufre en ocasiones de una enfermedad en muchos sectores.

Una niña en un hogar sustituto de Soacha sufrió un acto reprochable de abuso, presuntamente por parte del esposo de una madre sustituta al que se le habían practicado todos los protocolos de seguridad habidos y por haber.

Algo falló, y como quiero que NADA falle me lancé con mis funcionarios a revisar uno a uno los 5.600 hogares durante 20 días para establecer el estado actual de este programa, al que he denominado Plan Choque.

Hay tres menores en custodia, una niña de casi 10 años, un pequeño de 7 que padece la condición particular de piel de mariposa y que requiere cuidados especialísimos y uno más al que le hicieron dos velorios al nacer, pero al que esta mujer heroica, esta madre sustituta que atiende este hogar, arrancó de las manos de la muerte.

Desahuciado él, y ella con una maravillosa terquedad logró sacarlo adelante y hoy camina, ríe y se manifiesta cuando los propios médicos no daban nada por su caso.

El niño con piel de mariposa es un paradigma, su caso recorrió los tribunales más altos de derechos humanos en el continente y hay medidas cautelares que le garantizan una atención en salud de alto nivel. Es inteligentísimo.

Recorrí cada rincón de la casa. Revisé alacenas, armarios, bibliotecas, me detuve a mirar los títulos en ellas y advertí un nivel cultural sobresaliente, en su nevera vi algo que sirve de parámetro para todos los hogares: la madre sustituta marca con su letra y sobre cinta adhesiva cada caja, cada bolsa, cada recipiente de comida para no olvidar nunca la fecha de caducidad.

Hablé con los niños, los abracé, los besé, pero más besos y abrazos le di a esta mujer, que es el modelo de madre que quiero para los millares de niños a los que debemos cuidar y proteger.

En 20 días le contaré al país en qué condiciones encontramos la totalidad de los hogares sustitutos, me anticipo a decirles que lo que hay allí está bien y que el caso que nos invitó a hacer este Plan Choque es indignante, pero de ninguna manera representa la realidad cotidiana de nuestros hogares sustitutos: hogares que como Colombia están llenos de gente buena.