La IED donde educar con solidaridad y compañerismo vale más que oro

Publicado en: agosto 23, 2016

Cuatro años antes, en los Olímpicos de Londres 2012, nuestro campeón Óscar Figueroa se colgó la medalla de plata en levantamiento de pesas. Pero su sueño dorado no paró ahí. El amor de su familia y la solidaridad de sus amigos y entrenadores durante los siguientes cuatro años, como él mismo dice, lo ayudaron a conseguir el sueño que tanto añoró: una medalla en oro para él y Colombia en los Juegos de Río de Janeiro.

No hubo algo más conmovedor que sus lágrimas en lo más alto del podio, donde todos lloramos con él y aprendimos que las metas se pueden lograr con esfuerzo y voluntad, pero también con el apoyo, la solidaridad y el compañerismo de quienes día a día luchan hombro a hombro a nuestro lado.

La historia de vida de Figueroa nos deja varias enseñanzas para nuestras escuelas, donde estamos llenos de soñadores como él. En cada visita que hago a los IED de Barranquilla encuentro un sinfín de historias por destacar y en todas ellas el amor de la familia, de los profesores y de los compañeritos de clase.

Por eso hoy quiero hacer un homenaje a todos nuestros niños y jóvenes de la IED La Merced, y a sus padres, por ser un ejemplo de solidaridad para 31 niños con autismo y Síndrome de Down, quienes intentan superar sus discapacidades asistiendo a las clases regulares que presta la institución de preescolar a grado 11. Pues como lo dijo nuestro medallista olímpico, los impedimentos solo existen en nuestra mente.

Felicito a los padres de familia de La Merced por creer en una educación formada desde la tolerancia, la solidaridad, el compañerismo y la aceptación del otro; donde se trabaja todos los días para que la violencia, el egoísmo y la intolerancia no tengan pupitre.

Le he pedido a la profesora Lina Zapata que les cuente cómo han sido estos 17 años de educación y experiencia, fomentando en los corazones de las generaciones de barranquilleros la semilla de la inclusión y la solidaridad.

Hola a todos,

Soy Lina Zapata, profesora del IED La Merced en la ciudad de Barranquilla. Cambiar la mentalidad de la sociedad no es tarea fácil. Creo que ningún padre de familia está preparado para a criar un hijo que nace con alguna situación de discapacidad. Sin embargo, solidarizarnos con ellos y sus pelaos puede llegar a costarnos más de la cuenta.

No es un secreto que en la sociedad ronda el temor entre los padres de que, si alguno de nuestros hijos comparte clase con un pelao con síndrome de down, su capacidad de aprendizaje se verá afectada.

¡Nada más alejado de la realidad!

MERCED

La experiencia de padres y profesores en estos años nos ha demostrado que se forman mejores ciudadanos, capaces de entender y solidarizarse con la situación del otro, valores que no se enseñan con ninguna fórmula algebraica.

Aquí, en el IED La Merced, le apostamos a enseñar desde el amor al prójimo, entendiendo sus diferencias, reconociéndome en él, ayudándolo y celebrando como propio cada uno de sus logros, por simples y comunes que sean, pues permitirle un espacio académico regular a un niño en condiciones de discapacidad, le permite recibir el impulso de todos sus compañeros.

Así lo hemos venido haciendo desde hace 17 años, cuando la institución abrió sus puertas a los primeros estudiantes regulares y a los primeros estudiantes con déficit visual.

Años después recibimos a los primeros niños con autismo hasta que, en 2011, las directivas decidieron abrirle las puertas de los salones de clases a niños con déficit cognitivo, algunos de ellos con Síndrome de Down.

Cada niño debe contar con un certificado médico que explique la situación de discapacidad del menor, el cual será utilizado para analizar si nuestra escuela puede darle al niño lo que necesita o si, por el contrario, es mejor remitirlo a una intuición especializada, pues nuestra idea no es llenar cupos porque sí.

La idea es que el niño encuentre el mejor ambiente de estudio y desarrollo según sus cualidades. De hecho, los menores deben cumplir obligatoriamente con sus terapias médicas y presentar los reportes para que el colegio ayude a los padres con una parte de las pautas dadas por el equipo terapéutico especializado.

También contamos con un aula para adultos en condición de discapacidad, donde 15 personas comparten experiencias y momentos alegres, así como lo hacen nuestros 31 niños durante la jornada educativa.

Es muy importante que existan más instituciones dedicadas a la formación de niños y jóvenes desde la tolerancia, no solo en Barranquilla sino en todo el país. Nosotros aquí siempre les decimos a los estudiantes: hoy estás aquí, mañana no sabemos; mañana vas ser padre y eso los pone a pensar.

En Colombia debemos subir los niveles de tolerancia y qué bueno es hacerlo desde la escuela.

Mil gracias.

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