Conozco un refrán que dice: “la belleza es subjetiva”, y puede que sea verdad, en mi caso creo que la belleza está en los colores, en la pasión y la entrega que le ponemos a nuestros sueños. En Villavicencio, por ejemplo, cuando entré al coliseo Malocas vi a una pareja de hermanos que nacieron con discapacidad auditiva, quienes realizaron de forma espectacular un baile de joropo, ante un público de más de dos mil personas que impresionados aplaudían y alzaban sus manos para demostrarles la admiración que sentían por su presentación. Ellos con todas sus ganas de preservar la tradición del Joropo llanero, enseñan a niños oyentes y sordos a bailar sintiendo las vibraciones de los instrumentos musicales, siempre con una sonrisa en su cara, forjándose como un ejemplo de compromiso y superación para las generaciones futuras.

Con su alegría y compromiso, los hermanos Rodríguez me mostraron su arraigo por las tradiciones latentes en sus corazones. Tener la oportunidad de verlos vivir sus tradiciones, me hizo reflexionar de lo importante que es el empalme generacional para  la preservación de nuestra cultura. El empalme implica una enseñanza que va más allá de la cultura, el diálogo entre generaciones permite que la historia de nuestras regiones perdure para siempre, con su complejidad y particularidad. 

En los colombianos existe un sentimiento de orgullo por nuestra identidad, por nuestro país. , aún nos falta reconocer todo el potencial que existe en las regiones.

Los hermanos Rodríguez como muchos otros protagonistas de las historias que he encontrado son innovadores, su manera de entender la música, de guiarse por las vibraciones, puede ser un referente para muchas personas que se encuentran con este tipo de discapacidad. Y esto es lo que hace que el diálogo social tenga un valor agregado, ver más allá de las necesidades, encontrar fuera de lo que está establecido nuevas maneras de aproximarse al crecimiento.

Esta historia me mostró una belleza que va más allá de los atardeceres llaneros y las corocoras que recordamos de esa región del país, una belleza que transforma la sociedad, que cambia la visión de discapacidad como una adversidad. Es un ejemplo de que cuando el corazón escucha el alma vibra y todo es posible.