Cada vez que visito un municipio de la Región Caribe, es inevitable pensar en lo que dejé y viví en mi tierra natal. Regresando de Coveñas, después de haber escuchado a la comunidad de Sucre exponer sus necesidades y de haber compartido con tantos niños, niñas, jóvenes y mujeres que anhelan oportunidades, lo primero que vino a mi mente fueron los recuerdos del tiempo en que estaba a cargo de los doce programas sociales de la ciudad de Barranquilla, en la Secretaría de Gestión Social.

Recordé que cuando acepté la Secretaría de Gestión Social de la Alcaldía de Barranquilla, la tarea era aparentemente sencilla: tenía que administrar el presupuesto asignado y cumplir con las metas, pero yo quería ir más allá, era la oportunidad de cumplir uno de mis grandes sueños. Quería trabajar 24/7 por la población vulnerable de mi ciudad natal.

Siempre, he creído que si se piensa en grande, se logran cosas grandes. Estoy convencida de que las personas tienen que retarse a ir más allá, a soñar en grande, a cumplir sus metas y a tener proyectos para salir adelante. Estoy convencida que se debe estar listo para dar un paso de fe y para aprender más.  Por eso cuando llegué, por primera vez, a mi oficina en la Secretaría de Gestión Social, me reuní con mi equipo y les dije: “No vamos a parar hasta que logremos conseguir los mejores resultados”. Desde ese día, trabajamos por potenciar al ser humano promoviendo su proyecto de vida, integrándolo a su familia y a su comunidad.

Cuando llegué a la secretaría, me encontré con muchas necesidades, pero también con personas con un potencial enorme que no tenían las oportunidades para cumplir sus proyectos de vida, mujeres, niños y niñas con una vida por delante, con mucha frustración por no poder alcanzar sus metas. Entonces, mi decisión fue transformar esas posibilidades y trabajar para que todos encontrarán su proyecto de vida y decidieran tener la ilusión y la decisión de trabajar en él. Nos dedicamos a potenciar a las personas, a enseñarles darlo todo para que cada persona fuera protagonista de su propia vida.

En ese tiempo, recorrí cada unas de las calles de mi ciudad. A través de programas como Jóvenes Pro, la Feria BiBa, Mujer Barranquillera Autónoma e Infancia de Primera, logramos atender a más de 60.000 personas y 15.000 familias de Barranquilla. En poco más de dos años se multiplicaron por siete nuestras acciones y bondades, y por lo tanto se multiplicaron los resultados. No fue una casualidad ni un golpe de suerte, las sonrisas de los barranquilleros crecieron y a su vez el impacto de la Secretaría, porque existía una meta clara, un plan de trabajo que nos guio para hacer realidad nuestro anhelo de servir a la comunidad. Con esta misma bandera he emprendido cada unos de mis cargos, con amor, entrega y mucha pasión.

Este pedacito de mi historia es tan solo un ejemplo de lo poderoso que puede ser un sueño, pero lo importante es acompañarlo con trabajo y planeación. Cada uno de nosotros tiene un proyecto de vida que con dedicación y constancia puede ser cumplido.  Por eso, los invito a soñar pero también a trabajar a diario para que los deseos más profundos de su corazón se cumplan. ¡Párate, sacúdete y haz que suceda!