Joselito el personaje simbólico y que da rienda suelta a las parrandas de principio a fin en las fiestas del Carnaval de Barranquilla, es velado y llevado en un ataúd, por ello locales y turistas se visten de luto, todo para decir “no estaba muerto estaba de parranda”. Es de esta forma que termina una de las celebraciones más importantes del país, pensando en la reencarnación para que Joselito inicie la parranda el siguiente año, y volver a ver las calles de mi arenosa, llenas de color y sabor por el Carnaval.

Hoy les quiero hablar del Carnaval de Barranquilla, la fiesta más grande de mi ciudad natal y una de las más alegres de Colombia. El Carnaval arrancó el 2 de marzo; semanas antes los barrios realizaron el precarnaval, que no es otra cosa que la preparación de la fiesta, durante la cual también hay diversas celebraciones. La idea es que la emoción vaya en aumento para que los cuatro días de cumbiambas y desfiles sean un éxito.

El Carnaval fue declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2003, y es uno de los símbolos más representativos del Caribe colombiano, que se ha extendido a toda Colombia. Pero lo que quiero contagiarles con este relato es la filosofía del Carnaval, que debe ser la de todos nosotros todos los días: “la alegría vence la tristeza”.

Era lo que siempre decía Humberto Pernett, fundador de Cipote Garabato, una de las danzas más famosas del Carnaval. Y de verdad resume lo que el Carnaval es: una celebración de la vida y de la alegría, que se expresa con los trajes multicolores, las caras maquilladas, las máscaras divertidas, los disfraces cómicos, las carrozas adornadas y las comparsas uniformadas. ¡Hasta las fachadas de las casas se pintan de alegría! Es una alegría que se disfruta al compás de los tambores y de la cumbia y se goza con las bromas de las marimondas y los monocucos.

Hay, incluso, un Carnaval para los niños, y un desfile de la comunidad LGBTI, para que nadie se pierda la fiesta.

Lo bonito del Carnaval es que está hecho de la tradición de las tres etnias que nos representan: la europea, la africana y el indígena. El hermoso libro titulado Somos Carnaval de Barranquilla, que recoge todas las historias del Carnaval contadas por sus artistas, lo cuenta muy bien.

La herencia europea se ve en danzas como la del Paloteo, que dramatiza las batallas de independencia entre patriotas y españoles; o en la de Diablos y Arlequines, que tienen su origen en las celebraciones del Corpus Christi en la época de la Colonia; y hasta en la de los famosos Cabezones, una tradición importada de los carnavales de Munich, en Alemania.

La herencia africana se ve en la danza del Congo, con sus capas satinadas, sus turbantes florecidos y sus máscaras de animales, que representa la resistencia de los cabildos negros de la Cartagena colonial. También en la del Son de Negro, en la que los bailarines se embetunan de negro y se pintan de rojo los labios para hacer muecas.

La herencia indígena se ve en las danzas de los Indios de Trenza, en las de los Caribanos, en las de los Indios Mansos y en las famosas Farotas de Talaigua, que se distingue por los hombres vestidos con trajes de mujer. ¿Por qué se visten de mujer? Porque parte de una leyenda colonial. Cansados de que los españoles abusaran de sus mujeres, trece guerreros farotos se disfrazaron de españolas, sedujeron a los invasores y les dieron muerte a los abusadores. Los habitantes de Talaigua Nuevo, en Bolívar, decidieron recordar la victoria recreando año tras año esa danza de hombres maquillados y enfaldados de polleras que ya es patrimonio del Carnaval de Barranquilla.

El Carnaval también es una celebración de la naturaleza. Ahí está la danza de los Coyongos, que recrean la vida ribereña caribe, en particular la de las aves que cazan peces en los ríos, con sus armazones que simulan garzas, patos y pisingos; la danza de los Goleros, que se disfrazan de buitres; y la colorida danza del Imperio de las Aves. También está la danza del Gusano, con sus vivos trajes verdes, y el baile popular del Caimán Cienaguero, que nace de la leyenda triste de una niña comida por un caimán.

Si algo ha tenido el Carnaval de Barranquilla a lo largo de toda su historia, es su capacidad para juntar tradiciones alrededor de nuestra idiosincrasia y reforzar la idea de la alegría siempre se sobrepone a las tristezas. Es, en últimas, lo que nos define a los colombianos. Como dice Esthercita Forero en su popular canción de La Guacherna, “que se alborote la gente que los quiero ver bailar”, que los quiero ver a todos a disfrutar del Carnaval.