La vida nos cambió en medio de la propagación del COVID-19 y seguramente tanto para ustedes, como para mí, la rutina ya no es la misma. Nos gustaría que todos pudiésemos estar en casa, sin embargo, tenemos una responsabilidad enorme con las regiones del país y con los colombianos.

Desde el Gobierno Nacional no paramos, hoy continuamos con nuestras labores, pero multiplicadas porque nuestro principal compromiso es proteger el bienestar de todos.

Aunque no pueda hablarles desde una región del país, ni pueda estar con ustedes en territorio, que es una de las cosas que más me apasiona de mi trabajo, hoy quiero compartirles la experiencia de trabajar en medio la emergencia. Una vez más, estoy convencida de que no hay límites para cumplirle a Colombia.

Mi despertar

Soy madrugadora, me levanto a las 5 a.m. y cada mañana, al abrir mis ojos, doy gracias por un día más de vida y por la fortuna de tener un trabajo que me apasiona; pienso en mi familia y en todas las personas a las que puedo servir con cada acto.

Reviso las noticias a través de redes sociales, especialmente en Twitter y me entero de lo que sucede en Colombia y el mundo, leo lo que me escriben, las solicitudes, las recomendaciones, y miro todos los mensajes que me llegan al Whatsapp.

Me alisto y comienzo la jornada laboral a las 7 a.m. con una reunión virtual con el equipo de Gobierno para hacer seguimiento a todas las acciones para la contención del Coronavirus.

Luego, me conecto con la Primera Dama de la Nación, María Juliana Ruiz y revisamos el balance de cómo vamos con las donaciones de la campaña Ayudar nos hace bien. Estamos trabajando fuertemente por llevar provisiones a los colombianos que más necesitan de nuestro apoyo.   

Mi oficina

Me dirijo a la Casa de Nariño y en el camino llamo a mi mamá y le pregunto cómo están las cosas, le recuerdo que en la familia deben tener todos los cuidados necesarios y que la salud es lo más importante. Mi familia es mi vitamina para fortalecerme al iniciar el día.

Al entrar a Palacio siempre hay un protocolo de salubridad para el ingreso, nos miden la temperatura, nos hacen una serie de preguntas de precaución y nos dan gel antibacterial, todo para la seguridad y protección de las personas que seguimos yendo diariamente. Aquí cumplimos con todas las medidas para que los trabajadores no corran peligro, y tampoco sus familias que se quedan en casa.

Tengo la costumbre de tomarme un capuchino Juan Valdez, que es mi café preferido y realizo reunión con mi equipo de trabajo, y mantengo contacto con los alcaldes y gobernadores del país. Recibo al menos 30 llamadas al día de todos ellos y también estamos en permanente diálogo por chat.

Todos los días tengo programadas sesiones de las Mesas Virtuales de ayuda temática territorial, en la mañana y en la tarde, para ayudar a los mandatarios locales del país a resolver sus inquietudes sobre los lineamientos del Gobierno Nacional durante la emergencia que vivimos. Esto es muy importante y hace parte de servir a los demás, porque sé que, si el mensaje es claro para estos gobernantes, lo será también para sus regiones.

A medio día, cuando es hora de almorzar, me tomo un tiempo a solas, respiro profundo y despejo la mente para pensar en todas las cosas pendientes que hay por hacer y en nuevas maneras de innovar en estos momentos tan complejos para todos.

Además, constantemente, el Presidente Iván Duque me convoca a reuniones sobre la emergencia del Coronavirus. Todos los días él le hace seguimiento al trabajo que realizamos con los alcaldes y gobernadores.

Mi regreso a casa

Mi jornada laboral termina entre las 9 y las 10 p.m. Llego a mi casa, hago un recuento de lo que fue mi día, pienso en las cosas que hice y si cumplí mi propósito de servir a los demás con diligencia y amor.

Confieso que le doy mi número celular a muchas personas y por eso recibo alrededor de 500 mensajes diarios. Durante el día es difícil contestar a cada uno de ellos, por eso dedico parte de la noche a leerlos, para atender a las personas que buscan en mí una ayuda o una respuesta.

Toda mi rutina del día la acompaño con un lavado de manos constante, pues, aunque ya tenía el hábito de hacerlo, ahora es mucho más frecuente, porque sé que cuidarme a mí misma, es cuidar a los demás.

Les cuento todo esto porque sé que nuestras dinámicas y actividades diarias han cambiado y que para muchos este ha sido un tiempo difícil, pero quiero animarlos a que sigamos para adelante, pensando en que lo mejor está por venir y que depende de nosotros escoger cómo asumimos nuestras nuevas realidades. Mi gran aprendizaje es que no hay imposibles cuando queremos cumplir y lograr cosas grandes.

Desde el Gobierno estamos comprometidos a continuar trabajando 24/7 para que en Colombia logremos vencer todos los obstáculos y seamos un ejemplo de cuidado y protección.

¿Cuéntenme cómo ha cambiado su rutina con esta emergencia, qué han aprendido y qué quieren mejorar? Quiero leerlos. Espero sus comentarios.