Luego de compartir con el pueblo guaviarense durante varios días, siento un enorme orgullo de ver su unión, símbolo de esa nueva Colombia que empieza a florecer con respeto por la diferencia y compromiso con el emprendimiento.

San José del Guaviare, su capital, debe ser reconocida por Colombia como uno de los municipios con más patrimonio natural y cultural.

Es fundamental que toda la Nación sepa que este municipio cuenta con un patrimonio inigualable: su diversidad natural, con flora y fauna abundantes, y su riqueza cultural, con comunidades indígenas y afro, lo hacen aún más rico en costumbres y tradiciones.

San José del Guaviare es un territorio maravilloso por explorar y descubrir, con el que debemos trabajar de la mano cada día más para preservar sus raíces.

Estoy gratamente sorprendida con el resultado que obtuvimos desde el pasado 13 de diciembre en nuestra visita a esta bella ciudad. Más de 650 personas hicieron parte de las mesas de participación ciudadana y otras 1.600 asistieron al Taller Construyendo País del sábado 15 de diciembre en el que 28 voceros hablaron directamente con el Presidente Iván Duque.

Es admirable ver cómo la comunidad genera acuerdos entre sus mismos habitantes para luego realizar propuestas concretas. En esta oportunidad las mesas más concurridas fueron la agropecuaria, la de víctimas y la de turismo.

Y no es para menos. Esta es tierra de oportunidades, una de esas zonas que luego del conflicto armado inspiran escribir una nueva historia. Esta región, para sorpresa de los visitantes, es una de las que más produce chontaduro en Colombia y cuenta con una naciente industria del cacao. Cada vez hay nuevos esfuerzos e iniciativas alrededor del turismo y del agro, Chiribiquete goza cada vez de más reconocimiento, y como dicen los alcaldes, “Guaviare quiere menos coca y más cacao”.

Debemos preservar la biodiversidad y el turismo que hacen de la región un territorio de oportunidades. Gracias a frutos locales como el copoazú y el arazá, las posibilidades de nuevos productos, listos para competir en el mundo, son infinitas.

En cuanto al turismo, estoy convencida de que San José del Guaviare se fortalecerá narrando y caminando las formaciones rocosas de la Ciudad de Piedra, admirando la Serranía de La Lindosa y pensando la historia desde los pictogramas precolombinos en Cerro Azul. Todo ello hace de este hermoso poblado un lugar sostenible y productivo.

Es valioso recordar la tradición que ha caracterizado nuestra cultura. En el Guaviare podemos rastrear 24 pueblos ancestrales de la Amazonía, entre ellos, los Nukak, los Jiw y los Tukano, a los cuales debemos reconocer y proteger en especial a través de los más jóvenes, más cuando niños y niñas de estas etnias se ven afectados por el consumo de droga y la delincuencia.

Afortunadamente, no todas son amenazas. Las oportunidades abundan: las artesanías y las tradiciones indígenas y afro son atractivos sin igual, los cuales al sumarse con la cultura llanera, rica en gastronomía, y bailes, y con el emprendimiento de miles de colombianos llegados de todo el país, ofrecen múltiples posibilidades. Basta con escuchar su música hipnótica para enamorarse.

 “Atravesar la capital de la esperanza colombiana”, como le dicen sus habitantes, implica recorrer 16.138 kilómetros cuadrados de conexión con la naturaleza. Pero debemos ir más allá. Una infraestructura de conectividad multimodal que permita el desarrollo de la región es indispensable.

Finalmente, hago un llamado a todo el municipio para que, entre todos, trabajemos para impulsar condiciones que contribuyan a la sostenibilidad ambiental, con un uso justo y moderado de los recursos naturales, en especial de los forestales, que genere una cultura ambiental.

Mi corazón se queda en el Guaviare, allí donde el Llano se encuentra con la Amazonía: con pasión y conocimiento podemos lograr las grandes transformaciones que necesitan todas las regiones de Colombia.